En los días del
incendio
Por:
Juan Sebastián Ohem
1.-
Empieza el incendio
Aunque las autoridades digan lo
contrario, la violencia en Morton rebasa a la policía
Desde
una de las ventanas del callejón una radio a todo volumen suena con los
sermones de un reverendo. Se aplica. Hugh Redding tiene problemas para
confesar. Para eso estamos ahí. Confiesa cuando la perspectiva de conocer a su
creador le es cada vez más cercana. Chaparro Redding tose sangre, suelta un
diente. El puño de Henry tiene sangre también. Trevor lo patea en la rodilla y
lo tira al suelo. Le dejo saber lo que tenemos. Es importante que conozca todos
los datos antes de tomar una decisión. Cuchillo de hoja retráctil encontrada en
su zapato, no es bueno, una bolsita con talco mágico, eso es peor, pero es el
revólver el que sella el paquete. Cuarenta a sesenta años de prisión, fácil.
Redding se está dando cuenta de eso.
- Sabes las reglas Redding, nada
de camellos en la calle.- Le hago la
señal a Lynch para que lo ayude a levantarse.- La calle es de los policías.
- ¿Qué dices Hugh, cooperas con
nosotros o acompañas a tus cientos de hermanos tras las rejas?- Trevor me hace
reír. Redding me mira con odio. Que se aguante.
- ¿Quién te vendió la cocaína
Redding?
- Mike, en un los apartamentos
Lincoln.- Territorio de Tito Sandoval. Redding se apoya contra la pared de
ladrillos y nos mira con miedo.- No le digan a Tito, por favor.
- No sé, no tienes nada bueno que
negociar.- Henry Lynch se estira y se truena los huesos. La golpiza solo fue
entrenamiento para él.- ¿Porqué no mejor lo arrestamos con lo que encontramos?
- Sí, supongo que sí. Trevor,
espósalo.
- No, esperen... Sé algo que les
podría interesar.- Trevor Wyms me mira sin saber qué hacer. Le hago una seña,
quiero escuchar al chaparro Redding.- Un sujeto tiene guardados 500 de los
grandes en su casa. Es un proxeneta cualquiera, nadie lo extrañara.
- Eso es mucho jugo.
- Oz tiene razón Hugh, ¿cómo te
enteraste?
- Es éste sujeto, Wilbur Oakley,
es muy parlanchín. Él tiene una boca grande, yo tengo los oídos grandes. Me
dijo del dinero como si no fuera nada.
- ¿Wilbur Oakley?
- Así es Larry, yo no te
mentiría.- Hugh me hace reír.- ¿Qué dicen?
- Es mucho jugo...- Mire a Trevor
y a Henry. No tenía que decir nada más.- Vete Hugh, y no peques más. Y si me
mientes iré por ti. Tendrás suerte si nos contentamos con arrestarte.