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sábado, 22 de julio de 2034

Bienvenidos a Pulpazoid!!!!


Bienvenidos a Pulpazoid!, cuentos de todos los géneros escritos por Sebastián Ohem. Todos los cuentos (y ocasionales novelas) son gratis, así que compártelas con quien quieras pero, por favor, deja un enlace al blog y no olvides mencionar al autor. Siéntete libre de imprimir los que quieras o mandar comentarios, o incluso cuentos que quieras compartir con el mundo. He estado escribiendo por muchos, muchos, años, y quiero subir todo a la red. Generalmente escribo cuentos de misterio, pero hay de todo, hasta fantasía para niños. Escribo sin espacio en letra 11 y la extensión varía, siendo la norma de 20 a 30 páginas. Hay sus excepciones, con un cuento de 3 páginas, hasta novelas de más de cien. ¿Qué puedes esperar de este blog? Sigue leyendo y te diré todo.

miércoles, 13 de julio de 2016

Harlan Harris: La broma universal


Harlan Harris: La broma universal


Por: Sebastián Ohem

            La miseria hace rico al miserable y destroza al pobre. Escucho la voz del inspector Kirby “Eres un policía, no lo olvides”. No es tan fácil. Prostis, yonquis y ladrones. Todos me conocen. El pelirrojo con los tatuajes en los nudillos. El facilitador. Respondo únicamente a Kirby, Inspector de División de Inteligencia. Los demás policías de incógnito no duermen con los vagabundos para escuchar los rumores. No hacen conexiones de drogas y armas entre pandilleros. Ola delictiva en Malkin, demasiados jugadores buscando ángulos para exprimir los centavos de la miseria y hacerse rico. Rick Kirby siente asco por ello, su guerra particular. Yo creo que es de morirse de la risa. No he visitado mi oficina de investigador privado, mi tapadera para recibir mi sueldo. Kirby lava mis pecados siempre que le mantenga informado. Estoy al tanto de demasiadas noticias, difícil enfocarse en una. Prostis negros mataron a su proxeneta, alguien está formando un establo. Los chacales vueltos depredadores. El nuevo proxeneta es Gene Bloom. Paga con heroína. La gran H. Trato de dejarla pero es como si ella no me dejara a mí. Gene prácticamente tiene un letrero de neón. Me acerco y sabe quién soy. Va rotando a sus prostis. Cuando quedan demasiado enganchados, y se les nota, les aparta y consigue nuevos. Depredador. Tipo corpulento, peludo, anillo de estrella de David. Se hace al macho alfa. Parte de la cadena alimenticia. ¿Dónde quedo yo? No estoy en la cadena. Estoy de visita. Estudio a la raza humana. A veces no recuerdo cómo llegué aquí. A veces sí. A veces me da gracia. A veces me hace llorar.

- Harlan Harris, ¿correcto?- Le muestro los nudillos. H-A-H-A y H-A-HA.

miércoles, 29 de junio de 2016

Eddie Lupino: La rabia del lobo


Eddie Lupino: La rabia del lobo


Por: Sebastián Ohem

 

            Día en la corte. Asistente del fiscal William Scalia lleva a juicio lo que cree que está en la bolsa. Negocia sentencias casi siempre. Kyle Thomas era un caso seguro. Todo se desplaza para favorecer acusados con abogados privados. Testigos pierden la memoria. La gente olvida el encabezado. Se reduce a evidencias y testimonios de los detectives a cargo. 12 jurados que nos llaman “cerdos fascistas”. Scalia me mira como si trajera la peste. Jurados deliberan por dos horas. Kyle Thomas sale libre. La chica a quien le aplastó el cráneo con el tubo es menos que un recuerdo. El detective Elwood Collins me mira preocupado. Misma sensación que Scalia. Juicio distinto. Keith Mayne, mafioso mediano, muchos testigos, una testigo clave, mucha evidencia. Me llaman como supervisor del caso. El jurado escucha lo mismo quince veces. Tienes que unirles los puntos. Los abogados son brutales contra Elwood, no tiene el récord perfecto que se supone que todos tenemos. Nadie lo tiene, si lo tuviera no podrías confiar en él. Llega el momento de la testigo estrella, Amanda Culver, le vio en persona matando a tres pandilleros y robando sus drogas y dinero. Scalia empieza suave y pronto suda. Amanda Culver cambia versión. Nada de amnesia. Dice lo contrario, dice lo que la defensa necesita escuchar. Receso. William Scalia no me mira como leproso porque me necesita. Ahora soy su “paisano”. Ahora somos dos italianos luchando por salir adelante. Quiero gritarle por arruinar el juicio de Kyle Thomas. Nada de encabezados con ese. Keith Mayne es otra historia, podría darle una mejor oficina. Quiere que siga a Amanda Culver, saber si le pagaron o la intimidaron. Pérdida de tiempo. El daño está hecho. Acepto de mala gana para que me deba favores. Acepto porque Elwood podría perder mucho si el mafioso lo demanda. Soy su sargento, soy su hermano azul.

 

miércoles, 22 de junio de 2016

Eddie Lupino: Alimentar al lobo


Eddie Lupino: Alimentar al lobo


Por: Sebastián Ohem

 

Del escritorio del sargento detective Eddie Lupino.

 

            Roger Fenway, Jean Ruggerio y la historia de amor. Hombre conoce a mujer. Hombre enamora a mujer. Hombre se casa con mujer. Mujer no puede darle hijos. Hombre la mata con un martillo. Hombre jura tener amnesia. Otro día, otro cadáver. No sorprende ni a los novatos. Novatos apáticos. Toda la policía es apática. Toda la policía saber que todos los civiles son violadores y asesinos en potencia. Lo peor de la humanidad es la humanidad. Los novatos cometen un error tras otro. Vieja historia, nuevos errores. Caso fácil a caso difícil. Nada de pruebas admitibles. “No recuerdo”, una y otra vez. Novatos más asustados de mis gritos que de tener a un asesino suelto en las calles.

 

            Saco a Roger Fenway a las escaleras. La paliza en brutal. Guantes negros y cachiporra. “Se cayó de las escaleras” y “creo que quiere decirnos lo que pasó”. Vomita la verdad frente a la grabadora. Quiere abogado. Quiere negarlo todo. Me siento a comer carne cruda, sangre en todo mi rostro. Manos llenas de sangre. Dientes llenos de sangre. No puede verme a los ojos. El abogado me amenaza pero sabe que perderá. Roger Fenway nuevamente confiesa. Vitoreos. El hombre-lobo lo hace de nuevo. Aúllo a la luna y le ladro a los novatos.

 

sábado, 11 de junio de 2016

Eddie Lupino: El lobo


Eddie Lupino: El lobo


Por: Juan Sebastián Ohem

 

Del escritorio del sargento detective Edward Lupino

            Ángel en el pavimento. Truenos que caen sobre él. Miradas de asombro. Imagen distorsionada. Chico muerto boca arriba. Tren elevado sobre nosotros echando chispas. Curiosos mirando con ocio. Las patrullas y autos iluminan la escena. Jeans, playera de los Doors. Agujeros en los jeans, manchas de grasa y sudor en la playera. Azules manteniendo el cordón. Lucky Luis Fierro tomando nota. Temporada alta de homicidios. Teniente Crane “resuélvelo rápido”. Luis se aburre, pelea contra su sombra. Ex-boxeador. Termino el cigarro y le miro impaciente. El hombre-lobo tiene hambre de nuevo. Cansancio ganándole al hambre. Resuena en la memoria. “La guerra te hizo cruel, la ciudad te mantiene enojado”, Crane a la yugular “mantente así”. Forenses apurados, choque en Argent, muchos muertos. Se acerca cansado. Ponte enojado.

martes, 28 de julio de 2015

Música para inspirar: Noir jazz


Raymond Chandler "el simple arte de matar"

LA LITERATURA DE FICCIÓN siempre, en todas sus formas, intentó ser realista. Novelas anticuadas, que ahora parecen pomposas y artificiales, hasta el punto de resultar ridículas, no lo parecían a las personas que las leyeron por primera vez. Escritores como Fielding y Smollett podrían parecer realistas en el sentido moderno, porque en general dibujaban personajes sin inhibiciones, muchos de los cuales no estaban muy lejos de la frontera de la ley, pero las crónicas de Jane Austen sobre personas muy inhibidas, contra un fondo de aristocracia rural, parecen bastante reales en términos psicológicos.

sábado, 25 de julio de 2015

¿Cómo escribir historias, novelas o cuentos policíacos?

How to write... Crime Fiction es el título de un interesante artículo publicado el 10 de septiembre de 2009 en el periódico digital Telegraph.co.uk. Es obra del novelista Mark Sanderson, autor de Snow Hill, primera parte de una trilogía policíaca. Nos ofrece una guía para crear y llegar a publicar con éxito novela negra. 
Traduzco, a continuación, de forma resumida algunas de las ideas principales de este artículo:

jueves, 23 de julio de 2015

Los tres trenes (Parte 2 de 2)

Conclusión de la primera parte


5.- 5 años después: Danielle Dillon
            Danielle odiaba las cámaras de seguridad. En el fondo sabía que su rabia no se debía a la vigilancia en el sector comercial de Brokner. No, estaba harta de tener que usar disfraces. No podía usar el mismo dos veces, aunque su modus operandi seguía siendo el mismo. Su padre adoptivo se estaba poniendo viejo, gastaba más en LSD y mientras más intentaba escapar de Jesús Aburto, más le cobraba. Estafadora y marca al mismo tiempo. Años atrás el negocio que tenía con los agentes de seguros habría bastado, pero ahora tenía que pagar más. Ahora tenía que robar de joyerías. Se ajustó la peluca de cabello negro sobre su corto cabello castaño. Sin maquillaje y un poco retoques cosméticos con prótesis plásticas parecía un hombre, algo afeminado pero muy distinto a D.D.. El truco estaba en caminar, de modo que le daba vueltas a la cuadra para acostumbrarse. Incluso olía como hombre, con un poco de la loción de su tío Mario. Traía un saco con hombreras y un rociador de gas de pimienta atado a su antebrazo izquierdo.La policía ya habría conectado los crímenes, de modo que ésta tendría que ser su última vez. Era un alivio, se escondía el tatuaje con plástico que parecía piel y debía convertirse en otra persona debido a las cámaras, pero por el otro lado, no tenía otro juego en la mesa. Se quedaría con la estafa a los seguros y eso no sería suficiente para Aburto. Últimamente nada era suficiente para él. Incluso cuando se mudó de vuelta con su tío, su padre adoptivo alzó la cuota.

            Entró a la tienda hablando con la voz más gruesa que podía. Explicó que se acercaba el cumpleaños de su futura esposa y quería regalarle algún collar o anillo. Cámaras en el techo en cada esquina, guardia de seguridad recorriendo los escaparates. Era buena hora, mucha gente. Habría conmoción, pero tendría que lidiar con él. El auto esperaba cerca con el motor encendido, esperaba que nadie lo robara. Cuando tuvo una buena docena en el aparador, el máximo que estaría autorizado el vendedor por razones de seguridad. Empezó a revisar los diamantes y fingir que medía los collares contra la silueta de la vendedora. El truco estaba en fingir no estar apurada. Fingir que pertenecía a ese lugar con aquella clientela llena de dinero.
- No me decido, podría llevármelos todos.- Le hizo señas al guardia para que se acercara.- ¿Qué dices amigo?, ¿cuáles son los más románticos?
- No sabría decirle señor.

Los tres trenes (Parte 1 de 2)

Los tres trenes
Por: Sebastián Ohem

 1.- Ahora:
            El letrero neón que leía “Jaula de billar” estaba apagado, pero eso no desanimó a Ian Madison. Sacó la automática de su cinto y entró al callejón que daba a una parte trasera con espacio para un par de autos. Estaba uno de ellos, creía que era el de Danielle. La noche pareció hacerse más oscura, la farola de la calle apenas iluminaba la zona. Revisó la puerta trasera, era acero reforzado pero podía abrir la cerradura. Intentó ver si las ventanas tenían barrotes, pero los pisos superiores estaban devorados por la oscuridad. Incluso si ella no estaba, podía esperarla adentro. La esperaría lo que fuera necesario.

            Patrick Schnapp, el viejo Snap, estacionó a media cuadra y siguió los sonidos en la desierta calle y oscura callejuela. Se acomodó los guantes antes de tomar el revólver. Le había puesto cinta canela al mango y al gatillo. Pensaba tirar el arma en alguna alcantarilla después de matarlo, pero prefería ser más cuidadoso que de costumbre. Nada podía salir mal. Se apoyó contra la pared de ladrillo hacia el espacio de estacionamiento. Podía ver la figura agachada a un lado de la puerta. Se figuró que estaría forzando la cerradura. No le importaba realmente, pero necesitaba saber que realmente era Ian Madison. Snap era un profesional, sabía que cualquier cosa podía pasar en los segundos decisivos, de modo que salió del escondite y se colocó detrás del sujeto. La luz de la farola iluminaba su rostro, pero no le importaba. Madison no tendría la oportunidad de decirle a nadie. Jaló el martillo. El ruido familiar y a la vez terrible. Casi absoluto. Rompió el completo silencio. Ian Madison se dio vuelta, se puso de pie y miró el cañón del revólver. Todos miraban el cañón. La luz le daba ahora. No quedaba duda, era él. Era el hombre que tenía que matar.

            Danielle Dillon había seguido al asesino profesional y, luego de perderlo de vista le dio unos treinta segundos antes de salir de su auto. Automática en mano se acercó con cautela. Había oído de Snap y sabía que era peligroso. Rápido y certero. Ella no estaba acostumbrada al arma. No estaba acostumbrada a su peso, a su olor y cuando jalara el gatillo sabía que quedaría ensordecida por la explosión. No le importaba que le había llevado a la Jaula de billar. No le importaba tampoco, aunque un pensamiento fugaz le hizo cuestionarse si de alguna forma sabía que iba a matarlo. Podía ser una trampa. Avanzó de todas formas. Iba agachada, escuchando los ruidos de las calles lejanas. Pudo oír el martillo de un revólver. Se movió otros pasos más y se colocó a su costado. Snap tenía acorralado a un sujeto que ella no conocía, aunque era obvio que el viejo asesino a sueldo le conocía. No le importaba. Patrick Schnapp tenía una cita con una bala.

El juego de reyes y peones

El juego de reyes y peones
Por: Juan Sebastián Ohem

1.-
            La gente que trata de entender lo que pasó en 1998 tiende a olvidar que no empezó ese año, sino la década anterior. En los 80’s la familia Azzarello parecía que había llegado para quedarse. Habían huido de Nueva Jersey creyendo que Malkin sería un juego de niños. Se expandieron rápido y consolidaron su poder con mano de hierro. Los independientes fueron removidos del tablero o absorbidos. Ahí es donde entra Michael Rath, ladrón y traficante que había preferido unirse a la familia como un fuereño que terminar seis metros bajo tierra en la carretera como muchos de sus amigos. Los Azzarello eran vieja escuela, querían rastrear tu familia hasta Sicilia, de otro modo eras considerado como un extranjero en tu propia ciudad, pagando tributos exagerados a los iniciados de Baltic y la pequeña Italia. Rath nunca quedó satisfecho con el trato. Robó de aquí y allá para proveer para su familia e incluso empezar a incursionar en bienes raíces. Eso no cayó bien con la familia. Respondía a un teniente de nombre Freddie Primo y los Azzarello le ponían entre la espada y la pared.

            La historia de Primo no era tan diferente. Un italiano nativo de Malkin que tuvo que unirse a la familia Azarrello después que mataran a su empleador de muchos años. Lo iniciaron por necesidad, nunca por gusto, y les encantaba recordárselo. Cuando eventualmente se hartaron de Michael Rath cayó en manos de Freddie Primo hacerlo desaparecer. No era tarea fácil, y de hecho nadie entendía por qué era tan necesario. Rath les hacía mucho dinero y estaban acostumbrados a que sus vasallos robaran un poco de aquí y allá. Tal es la naturaleza del negocio. Los Azzarello eran la definición de la vieja escuela. No les importaba si les hacía buen dinero, era sobre mandar un mensaje y por ello le dijeron a Freddie Primo que terminara con él, con su esposa Estella y su hijo Victor.

Momo: Un asesinato simple

Momo Un asesinato simple
Por: Sebastián Ohem


            La clientela estaba baja, pensé que eran malas noticias. Estaba equivocado. Noche tras noche me senté en mi oficina, la taquería debajo de mi departamento. Sin nada mejor que hacer decidí seguir la noticia que estaba en boca de todos. Robo a un Bancomer en Macroplaza. Mérida te perdona lo que sea, siempre que no suceda en el norte y siempre que permanezca relegada a la nota roja. Primera plana, “Robo de película”. Uno de los meseros estaba sobre mi hombro, leyendo en voz baja. Le hice el favor, lo leí en voz alta.

Momo: El juego del chivo

Momo: El juego del chivo
Por: Juan Sebastián Ohem

Navidad evitando a mis innumerables primos y tíos, a cada uno le digo una versión distinta de lo que haré. Cena a la italiana en mi departamento sobre la taquería en el centro. No me molesta, pero es la escasez de clientes en esta época que me pone nervioso. Me hace aceptar cualquier cosa. Recibo las sobras y doy las gracias. No habría jugado el juego del chivo de no ser así. En verano tengo clientes suficientes para vivir bien, pero en mi oficio no hay aguinaldo y los regalos a mis tíos y sus familias casi me dejan en bancarrota. En mi oficio escondo la verdad más que encontrarla, cualidad extraña en un detective privado. No es mi especialidad, después de todo me contratan para callar gente, torcer brazos y, ocasionalmente, arruinar familias enteras. Me pagan bien y no me quejo.

Las políticas del odio

Las políticas del odio
Por: Juan Sebastián Ohem
  
1.-
            Alfred Huxley quiere unirse al linchamiento mediático. Mi generación lucha y muere en la selva, o lucha y muere en América, mientras que gente como Huxley o Lydiatt, el nuevo fiscal de distrito, tienen algo mejor que hacer. Perseguir homosexuales. Nadie tiene mejores cosas que hacer. Roy Keller tiene otras preocupaciones. No siempre puedo darle la vuelta a la historia que Huxley busca, pero lo intento. Por eso acudí a Evelyn Kerley, doctora en sociología y parte de un comité de derechos humanos. Ella logró persuadir a algunos homosexuales para hablar ante la cámara. Les digo que probablemente terminará en el piso de la sala de edición, pero espero que no sea así. Alguien tiene que alzar la voz. Fabuccini es uno de ellos. Duncan Poole, camarógrafo y reportero guarda sus cosas mientras que Fabuccini se quita la camisa y los vendajes. La golpiza fue brutal, peor que eso, fue sin sentido.

Los hijos de Nadie

Los hijos de Nadie
Por: Sebastián Ohem

Del diario de Roy Keller
            Ésta es mi admisión de culpa. He redactado el texto para mi abogado Blake Edwards para ser publicado en caso de mi muerte o encarcelación. Soy un reportero. Utilizo métodos poco ortodoxos para conseguir la verdad, pero es parte de mi trabajo. Dejé Vietnam, pero la guerra tiene sus propios modos de acompañarte a donde vayas. El horror no está únicamente más allá de nuestras fronteras. Está en Malkin. En los ojos desesperados de los hijos de nadie.

A Nadie le importa

A Nadie le importa
Por: Juan Sebastián Ohem

Del diario de Roy Keller        

            Lo primero que te enseñan en la escuela de periodismo es apuntarlo todo. Esto no se trata sobre una noticia. Si están leyendo esto, estaré en prisión o muerto. No es una confesión de mis pecados, no tengo suficiente tinta para ellos. Es una admisión de culpa. Un buen reportero consigue la noticia por cualquier medio, yo empleo medios ilegales. Lo hago sabiendo que podría terminar muerto o en la cárcel, pero alguien tiene que hacerlo. A alguien le tiene que importar. Eso me digo a mí mismo. La verdad es que, cuando se trata de las víctimas colaterales del crimen y la corrupción, a nadie le importa.

La muerte roja: Tarántula

La muerte roja: Tarántula
Por: Juan Sebastián Ohem

            Los tres maleantes terminaron de deshacer el muro. La bóveda se encontraba expuesta. Se hicieron a un lado para que el nuevo trabajara con ácidos y soplete. Le decían Nosferatu, por las largas orejas. Algo en él no encajaba, pero el jefe Alfons Taglia había dado la luz verde. Era eficiente también, abrió la pared de la bóveda lo suficiente para una persona. Sacos y maletas llenas de dinero. Todo sonrisas y júbilo. Un trabajo bien hecho. Eso, hasta que el Nosferatu sacó el arma y los mató a todos. No podían creerlo, nadie traicionaba a un Taglia, pero el nuevo tenía algo que les distinguía, y no era sólo su deformidad. El nuevo ya estaba muerto y olvidado. Patrick Belmont despertó cubierto en sudor. El sueño tan tangible como la realidad misma. Tenía que encontrar al olvidado, regresarlo a Undercity de un balazo.

Fiebre Cyberpunk

Fiebre Cyberpunk
Por: Juan Sebastián Ohem


            El tráfico era brutal, como todos los días en Neopilos. Esteban Rodríguez no habría jalado la cadena en el techo de la patrulla de no ser que la víctima aún vivía. Jaló la cadena, se encendieron las sirenas en el techo y en los lados. Adiós tráfico de la tercera línea. El espacio estaba prácticamente desierto, a excepción de las ambulancias y otras patrullas. Mi compañero Esteban, alias Chico, conduce como un maniático. Los edificios están repletos de callejuelas que nuestra computadora puede medir a la perfección. Nunca toma las rutas preferenciales, como cualquier otro detective sabe que tales rutas son una broma pesada de algún programador sádico. La concha no deja sonar. Montado en mi oreja izquierda, como una concha de mar con antenas, cruje las órdenes policiales. Neopolis estalla en actividad. No somos suficientes, la familia Guiness lo sabe demasiado bien. Asalto de rutina, cyberpunks. No lo digo en voz alta Chico estudió sociología, es del tipo liberal, todo bonito y legal, yo soy de la vieja escuela, de los apagones.

Momo: Los lujos que valen la pena

Los lujos que valen la pena
Por: Juan Sebastián Ohem

Antes:
            Los casos de amoríos son los peores, involucran mucha espera y aburrición. Aún así, Bruno dice que lo siga, así que lo sigo. La necesidad es la madre de todas las invenciones, pero el aburrimiento es la madre de toda filosofía. Bruno detesta la filosofía, según él un detective privado nunca debe ponerse filosófico, confunde su misión. Estaría de acuerdo, de no ser que Antonio Uc me ha hecho esperar cuatro horas en mi auto, esperando a ver qué hora sale de su trabajo. Estoy tentado a ir por él, a pegarle un par de bofetadas y arrastrarlo hasta su amante, sea quien sea. Bruno me cortaría en pedazos, por no contar que mi licencia de detective privado se haría polvo. Muchos exámenes para tener esa licencia, la policía nos odia y se nota, es más fácil comprar un título de medicina y hacer operaciones de corazón abierto que mantener una licencia de detective privado con licencia para armas. Letras grandes y rojas “Beltrán y asociados”. No hay asociados, no a menos que uno cuente su colección de discos de blues y la cafetera. Yo no soy asociado, soy el novato que hace lo mejor posible por no pisar sus agujetas y caer de bruces.

Caronte (Parte 2 de 2)

Continuación de la primera parte


1966:
            Caronte había aprendido, desde hacía años, la importancia del pensamiento lateral. Vudú y Cobra le habían humillado, llevado al extremo y después partido en dos. Sabía que podía encontrarles, pero sabía que era mejor jugarla a la segura. Sabía de muchas casas destinadas al tráfico de narcóticos gracias a sus contactos en “Segunda oportunidad” y pensaba haber descubierto el punto débil de Vudú, un hombre que no parecía tener debilidad alguna. Caronte atacó su entrada de dinero, primero las casas que hacían de bodegas para la heroína y marihuana, y después con los camellos callejeros. El dolor seguía ahí, cada músculo de su cuerpo parecía estar en llamas, pero Milton se había acostumbrado a ese dolor. Su presencia opacaba los demás dolores, los más íntimos y poderosos.