La casta de Yug
Por: Juan Sebastián Ohem
El
lechero del edificio König en la calle Dreiberg repartió las botellas de leche
y recuperó las vacías de departamento en departamento. Tocó la puerta del
departamento de Linda Peter, aunque no tenía por qué hacerlo. La había visto en
un par de ocasiones y su belleza le había impresionado en gran medida. La
puerta no estaba cerrada y se abrió lo suficiente para incitar su natural
curiosidad. Asomó la cabeza como los gatos suelen hacer y el espanto de lo que
vio le golpeó con tanta fuerza que retrocedió torpemente, soltando las botellas
de leche y tropezando al suelo. Sus gritos alertaron a los vecinos, quienes
llamaron a la policía y su natural decencia impidió que los vecinos se asomaran
a ver el estado en que había encontrado a Linda Peter. La policía inspeccionó
el lugar y le agradeció el haber impedido que los vecinos se entrometieran. Le
exigieron que se quedara sentado en la escalera mientras llamaban a una unidad
especializada. Agentes de la S.S., marchando en sus impecables uniformes grises
miraron el interior, dieron un silbido y le informaron al lechero que tenía
prohibido hablar de lo que había visto. Le amenazaron enérgicamente,
advirtiéndole que si su memoria no borraba esa imagen inmediatamente le
detendrían indefinidamente hasta que el caso se resolviera. El lechero, aún
horrorizado asintió con la cabeza y se marchó tembloroso. Los agentes entonces
procedieron a llamar a los hermanos Müller, los agentes especializados en los
casos que el partido nacionalsocialista no podía admitir que existieran. Los
hermanos, aunque registrados oficialmente con la S.S., carecían de división
propia y conocían bien la importancia de su labor.